Marrakech
La Ciudad Roja, la Perla del Sur...esta ciudad recibe muchos sobrenombres, y todos son buenos para describirla. Pero para sentirla hay que visitarla. De su medina se desprende un aire medieval. Sus callejuelas son laberintos donde es un placer perderse. Los olores y sonidos de sus zocos, la delicada belleza de sus mezquitas, el espectáculo único de la plaza Jemaa el Fna y la energía de sus gentes, le transportarán a otro tiempo. A todo el encanto de Marrakech, se le añaden excelentes campos de golf e interesantes excursiones, en las que descubrirá tierras bereberes y pueblos de adobe.
Riu le recomienda...
Lo más especial...
Excursión por el Valle del Ourika
Situado en el corazón del país berebere, este valle es uno de los más hermosos de Marruecos.
Visitar un Hamman
Casi cada barrio tiene su hammam. Aquí alternará baños de vapor con los de agua fría y masajes corporales. Cuando salga, su cuerpo y su mente lo notarán, pues una sesión en un baño árabe le asegura relajación y purificación, por lo menos corporal.
Antiguamente estaban reservados a las clases pudientes, pero hoy su uso está muy generalizado. Además de ser lugares de descanso, muchos sirven como puntos de encuentro: las madres suelen observar a las posibles futuras esposas para sus hijos, auténticos reyes de la casa.
Siendo un país aún muy tradicional, generalmente hay horarios diferentes para hombres y mujeres.
Excursión por el Valle del Ourika
Situado en el corazón del país berebere, este valle es uno de los más hermosos de Marruecos. A lo largo de los oasis que dan color y vida a los austeros paisajes, se suceden poblaciones de adobe que parecen surgir de las tierras del mismo color. Algunas son más prósperas que otras, y se alzan orgullosamente con elegantes edificios. Uno de los lugares con más interés son las famosas cascadas de Setti-Fatma. Las más caudalosas están a unas horas del pueblo, pero el refrescante camino vale la pena.
Esquiar
Entre los meses de diciembre y marzo, podrá ir a la estación de esquí de Oukaimeden, la más alta de África, con 3273m de altura. A tan sólo 70km de Marrakech, sus pistas constituyen un escape de la agitación de la ciudad.
Además, Oukaimeden es menos frecuentada que muchas estaciones europeas. Por lo que la nieve y la calidad del esquí suelen ser muy buenas. El pueblo berebere del mismo nombre, agarrado a la montaña, ofrece paisajes muy pintorescos.
Golf
Palmeraie Golf: Además del desafío deportivo que plantea su recorrido, el jugador también disfrutará, rodeado de palmeras y con unas vistas fantásticas a las montañas del Atlas.
Compras
Los zocos de Marrakech son un paraíso para los amantes de las compras...y del regateo. En ellos encontrará todo lo que producen los artesanos locales y del resto del país. Abundan las babuchas, las chilabas, las teteras, el vidrio, los objetos de madera y las alfombras. Éstas últimas, suelen ser confeccionadas por mujeres touareg y berebere, que se acercan a la ciudad para venderlas.
En las calles de la medina también encontrará especias como el azafrán y la canela, además de una gran variedad de frutas. Destacan las naranjas y los higos, muy comunes en el país.
Debe estar preparado para el regateo. Los comerciantes de los zocos le pararán una y otra vez, ofreciéndole productos a precios muy elevados. Ellos dirán lo contrario, pero si es hábil y buen negociador, podrá bajar el precio hasta la mitad o menos. Algunos encuentran estas prácticas molestas y hasta poco éticas, pero lo cierto es que forman parte de las costumbres locales.
Dónde comer
Plaza Jemaa el Fna: Cuando cae la noche, esta gran explanada se llena de puestos de comida. Los humeantes chiringuitos ofrecen pinchos de carne o pollo, pescado frito, "harira" o sopa típica marroquí, bocadillos de huevo duro y patata, y otras especialidades. Tampoco se pierda los deliciosos caracoles, algo picantes y como no, los célebres zumos de naranja y el indispensable té a la menta.
También encontrará muy buenos restaurantes en las calles de la medina. Tampoco dude en acudir a la ciudad nueva, donde han abierto muchos establecimientos de gran calidad.
Gastronomía
Couscous: Este es el plato marroquí más típico y conocido internacionalmente. Su ingrediente principal es la sémola, combinada con huevo, pollo, cordero o verduras. Es un plato muy común los viernes, día de descanso para los musulmanes. Normalmente, se come en un solo recipiente del que se sirven varias personas.
Tajines: Esta es otra especialidad muy conocida de la gastronomía local. Se trata de un guiso de carne o pescado, acompañado de verduras o fruta, y adobado con canela y azafrán.
La Harira: Esta es la sopa nacional, muy popular durante el mes del Ramadán. Se compone de legumbres, carne, hortalizas y especias como la pimienta, la canela o el cilantro. Se suele servir acompañada de dátiles.
La Pastilla: Las finas capas de hojaldre se rellenan con carne, especias, azúcar y canela. Es de origen andalusí y es muy típico de las fiestas y celebraciones.
Todo esto puede ir acompañado de deliciosos zumos de fruta o el té a la menta, omnipresente en los mercados y los bares de todo el país.
Riu le recomienda...
Lo más especial...
Excursión por el Valle del Ourika
Situado en el corazón del país berebere, este valle es uno de los más hermosos de Marruecos.
La Medina
Las tonos ocres de sus calles y construcciones le han valido el sobrenombre de la Ciudad Roja. Aunque hayan perdido algo de su legendario misterio, en sus callejuelas aún se respira un ambiente de otra época. Los olores y los sonidos surgen de todas partes, algunos buenos, otros menos buenos, pero casi todos sorprendentes.
No tenga prisa por conocer este mundo aparte, tan diferente de su hermana menor, la ciudad nueva. Como en otras ciudades árabes, los sentidos y las emociones se magnifican.
Los zocos: Los zocos de Marrakech están organizados como los gremios medievales en Europa: cada oficio o artesano tiene su calle o mercado. Con el paso de los años, esta estructura se ha ido diluyendo. Hoy en día, en las arterias más visitadas por los turistas se vende de todo: babuchas, chilabas, cerámica, teteras, cestería y hasta dvd´s.
Los mercaderes son insistentes y no dudarán en intentar mantenerle en su tienda durante largo tiempo si intuyen que van a realizar una venta. El regateo es algo común y normal en la cultural local. No se corte y póngase a negociar, ya que los primeros precios suelen ser bastante exagerados.
No dude en tomar cualquier callejuela y perderse. Alejándose de los pasajes principales, pasará por lugares que guardan la esencia de antaño. Las especias delicadamente expuestas, los puestos de frutas, los zocos de carne y animales, son un mosaico de sonidos y olores que constituyen el alma del viejo Marrakech.
Tampoco se pierda las calles donde aún se trabaja el metal: el ruido de los soldadores y los martillos golpeando el cobre es casi ensordecedor. Los artesanos, sobre todo los primeros, están completamente cubiertos de polvo. Aquí el turista es secundario. Lo importante es el trabajo. La gente le hablará, pero sólo para darle la bienvenida y para desearle suerte, no para venderle algo.
Mezquita Koutoubia: Esta mezquita, muy cerca de la plaza Jemaa el Fna, es el edificio más alto de la ciudad antigua. Tiene 70m de altura y unas ornamentaciones muy bellas, que sirvieron de modelo a la Giralda de Sevilla. Data del período almohade, en el siglo XII, y destaca por la poca uniformidad de su diseño: cada una de las cuatro fachadas y arcos de su minarete son diferentes. Los no musulmanes no podrán entrar, pero sí pasearse por sus bonitos jardines exteriores.
Tumbas Saadíes: Al sur de la mezquita Koutoubia se halla este mausoleo encargado en el siglo XVI por el sultán Ahmed el Mansour para si mismo y su familia, pariente de la familia real Saudí. En el interior, las decoraciones son muy ricas, con vistosos techos en cúpula, columnas de mármol y bonitos estucados de cedro. Si quiere visitarlas, prepárese para hacer largas colas, a no ser que vaya pronto por la mañana.
Madraza Ben Youssef: Es una de las mayores escuelas coránicas del Magreb, fundada a mediados del siglo XIV. Su belleza pone de manifiesto la riqueza del arte islámico. Destacan la puerta de bronce a la entrada, los suelos en mosaico y su cúpula con estalactitas en el interior. También cuenta con un centenar de habitaciones que se organizan alrededor de un patio ornamentado.
La muralla: Toda la medina está delimitada por sus paredes coloradas de 19km de longitud y 8m de altura. Tiene una decena de puertas, algunas del siglo XII. Antiguamente, éstas eran las únicas vías de entrada. Una buena manera de descubrirla es con un paseo en calesa tirada por caballos. La muralla cobra todo su esplendor al atardecer, cuando el sol acentúa sus bonitos tonos ocres.
La judería: Este barrio, conocido como el Melah, está junto al antiguo palacio real, pues los judíos estaban bajo la protección del sultán. Aunque sus moradores originales hayan emigrado a Israel o Europa, sus calles y sus casas tienen un aspecto diferente al resto. Sus galerías y sus ventanas, con ornamentaciones que también servían como protección, dan un toque original a la ciudad. Lindando con el barrio, hay una pequeña sinagoga y un cementerio.
Plaza Jemaa el Fna
Este lugar es sin duda el corazón de la ciudad vieja de Marrakech. La plaza desata toda su magia al atardecer. Es entonces cuando se llena de narradores de cuentos, músicos, actores, malabaristas, encantadores de serpientes o simples charlatanes.
Aquí se concentran turistas y lugareños. Los primeros para empaparse del ambiente, pues la mayoría no entiende lo que dicen los oradores nocturnos. Los segundos, vienen a escuchar historias y melodías intemporales, o a ver espectáculos, a veces improvisados. Este legado hablado, transmitido sin escritura a través de las generaciones, le ha valido la declaración de Patrimonio Oral de la Humanidad por la UNESCO.
La plaza también es un buen lugar para cenar y degustar unos deliciosos zumos de naranja. Al caer la noche, los puestos de comida ocupan buena parte del lugar. Podrá pasear y elegir el que más le guste. Algunos dependientes son un espectáculo en si mismos. Acostumbrados a la afluencia de turistas de todo el mundo, llegan a decir algunas palabras en los más variados idiomas: castellano, ingles, alemán, italiano y en ocasiones hasta en japonés.
Una buena manera de admirar la plaza Jemaa el Fna es desde la terraza de alguno de los cafés que la rodean. Desde arriba, podrá empaparse de las luces y los sonidos que invaden la noche.
La Menara
Al otro lado de las murallas de la medina, se encuentra el jardín imperial. Sus jardines son más bien una plantación de olivos y árboles frutales. En pleno centro del olivar se abre un estanque y un pabellón del siglo XIX, que servía para la irrigación y para los juegos amorosos de los antiguos sultanes.
Como este, hay otros jardines que constituyen una alternativa al bullicio de la ciudad antigua. Los más destacados son los del Aguedal, Majorelle y El Harti.
El Palmeral
Este gran bosque de palmeras es, al igual que los jardines, un buen lugar para escapar de la agitación de la medina. Actualmente, es uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, con hoteles de lujo, campos de golf y residencias. Sus palmeras fueron plantadas en la época almorávide y cuenta con un sistema de irrigación con canales subterráneos provenientes de las montañas del Atlas.
Riu le recomienda...
Lo más especial...
Excursión por el Valle del Ourika
Situado en el corazón del país berebere, este valle es uno de los más hermosos de Marruecos.
Marruecos
MarrakechVer mapa | |
|---|---|
| ClubHotel Riu Tikida Palmeraie | |
Descubra nuestros destinos
Recomendaciones, fotos y mapas que le ayudarán a elegir


