Vacaciones en Obzor
Bañada por un precioso arenal dorado y rodeada por suaves colinas boscosas, esta ciudad es una de las más agradables del Mar Negro. Menos desarrollada y más tranquila que otras en la costa búlgara, Obzor aún guarda su atractivo provincial. En sus calles se podrá pasear sin rumbo, a la sombra de grandes árboles. Y en sus alrededores, podrá visitar bonitas ciudades y zonas naturales.
Recomendado en Obzor
- Playa de Obzor
- Obzor
- Carretera de Obzor al Cabo Emine
- Monasterio de Aladzha
- Excursión a la Reserva Natural de Kamchia
Lo mejor en Obzor
Su casco antiguo ha permanecido habitado desde hace 3500 años. Convertido en un popular destino turístico, en sus calles empedradas se mezclan bellas iglesias y casas de madera con bares y restaurantes.
Playa de Obzor
La arena color miel de esta playa se extiende durante 6km. Menos masificado que otros de la costa búlgara, este arenal dorado invita al descanso. En sus cristalinas aguas también podrá realizar actividades como el windsurf, o divertirse con el ski acuático, las motos de agua y las bananas, muy populares entre los más pequeños.
En primera línea se sitúa de la playa de Obzor el Hotel Riu Helios Bay, con unas vistas privilegiadas sobre el Mar Negro.
Recomendado en Obzor
Lo mejor en Obzor
Su casco antiguo ha permanecido habitado desde hace 3500 años. Convertido en un popular destino turístico, en sus calles empedradas se mezclan bellas iglesias y casas de madera con bares y restaurantes.
Carretera de Obzor al Cabo Emine
Este camino en dirección al sur, pasa por tupidos bosques entre los que surgen modestos pueblos de montaña, con unas vistas al mar fantásticas. En ocasiones atravesará campos de viña, aún visibles aunque su presencia haya disminuido bastante.
El Cabo Emine es, junto con el de Kaliakra, el más bello del Mar Negro. Desde el faro hay unas vistas muy bonitas. Un acantilado de 60m que se precipita casi en vertical al mar, esconde una bonita playa poco concurrida.
Excursión a la Reserva Natural de Kamchia
Olmos, robles y arces se suceden a lo largo del río que da nombre a la zona. Por momentos, la vegetación es tan densa que la luz del sol la atraviesa con dificultad. La zona también se caracteriza por sus humedales, hábitat de muchas especies de anfibios y aves.
En algunas partes del cauce surgen las flores blancas de los lirios de agua, una de las especies más características de este lugar. Hay muchas excursiones que recorren el río, paraíso de la flora y fauna, y de naturalistas y biólogos.
Compras
Por sus dimensiones reducidas, en Obzor hay una menor variedad de tiendas que en otras estaciones balnearias. En el centro encontrará algunas tiendas de souvenirs y artículos de playa.
Los agricultores de la zona venden fruta y verdura fresca en los puestos que todavía quedan en el pueblo. No dude en comprar en alguno de ellos, pues la calidad y sabor de los productos es excelente.
La artesanía popular búlgara es como su historia, una mezcla de influencias. Le recomendamos los objetos de cerámica y cobre, así como los bordados hechos a mano. También encontrará los típicos iconos ortodoxos, muy similares a los griegos.
Gastronomía
La cocina búlgara es sabrosa, condimentada y muy similar a la de sus vecinos balcánicos. La influencia turca también es considerable. En ocasiones, la diferencia entre un plato búlgaro, griego, turco o serbio consiste en su nombre o en un ingrediente más o menos.
Carne: Destacan la kavarmá, guiso con carne de cerdo, puerros, vino, chile y hierbas del campo; la méshana skara o parrillada mixta; y el sarmí, carne picada y bien condimentada, envuelta en hojas de vid o col.
Yogur: Sin lugar a dudas, se trata del símbolo culinario del país. De hecho, los microorganismos que transforman la leche en yogur reciben el nombre de 'Lactobacillus bulgaricus' o 'bacilo de leche búlgaro'. El yogur es un componente imprescindible en la sopa fría 'tarator', que además contiene pepinos, ajo, aceite y nueces, y que se toma como el gazpacho. También es muy popular el 'airán', yogur diluido con un poco de sal.
En cuanto a quesos, el 'sírene', de vaca u oveja, es utilizado en muchos platos como la típica 'shopska salata', una ensalada de tomate, pepino, pimiento verde y cebolla.
Postres: La influencia otomana se deja sentir en los dulces como la baklavá, tarta de hojaldre rellena de nueces y miel; el 'tolumba', churro en almíbar; o el kadaif, fideo muy fino, también con nueces, canela y almíbar.
Vinos: Aunque han perdido el esplendor y los mercados que tenían durante la época comunista, los vinos búlgaros siguen siendo de buena calidad. El país cuenta con muchas variedades locales como el Mavrud, la Gamza, el Pamid y el Misquet rojo, entre otras, que dan lugar a excelentes caldos. A raíz de la crisis del sector, también se introdujeron variedades internacionales como el Cabernet Sauvignon, el Merlot y la Rkatsiteli, de origen georgiano.
Recomendado en Obzor
Lo mejor en Obzor
Su casco antiguo ha permanecido habitado desde hace 3500 años. Convertido en un popular destino turístico, en sus calles empedradas se mezclan bellas iglesias y casas de madera con bares y restaurantes.
Obzor
E sereno pueblo de Obzor merece una visita. Las casas y sus techos anaranjados se sitúan sobre una suave ladera de las verdes montañas de Stara Planina.
En el centro hay bares y restaurantes sombreados por altos árboles. Su plaza principal, con una bonita fuente y varias terrazas, es uno de los lugares más agradables donde pasar un rato alejado de la playa. Junto a ella, todavía quedan en pie unas columnas romanas que formaban parte del Templo de Júpiter, uno de los pocos vestigios de esa época.
Las calles de la zona alta de Obzor esconden casas con huertos y jardines, y en ocasiones aún ven pasar carros tirados por caballos, testigos vivos de un presente todavía ligado al campo.
Varna
Muchos búlgaros la llaman la "Joya del Mar Negro". Además de sus playas, en verano abarrotadas, Varna es una atractiva ciudad con elegantes iglesias, edificios y parques.
Uno de los mayores atractivos es la Catedral, la segunda iglesia más grande del país tras la de San Alexander Nevsky, en Sofía. Destaca por su bella planta bizantina, sus profusas decoraciones interiores y sus coloridos rosetones. Fue construida en 1884 en honor a la independencia del Imperio Otomano.
La Iglesia de la Virgen María, de madera y adornada con iconos ortodoxos; y la de San Nicolás, donde acuden los marineros para pedir protección a su patrón, son dos de las más bonitas de Bulgaria.
Otro símbolo de la ciudad es la Torre del Reloj, que se erige sobre el resto de los edificios. Está situada en pleno centro de un parque boscoso, detrás del elegante Teatro de Varna.
En contraste con el estilo bizantino predominante se erige el palacio de Evksinograd, que un día fue utilizado por el Zar Boris III. Su arquitectura y fantásticos jardines se asemejan al estilo francés del siglo XVIII.
Frente a una playa se encuentra el Jardín Marítimo. Aparte de los museos Naval y de Historia Natural, también hay un acuario con especies del Mar Negro, un planetario y un delfinario. Este parque es una buena alternativa a la extensa oferta cultural de Varna.
Otro punto de interés es el lago, el más profundo del Mar Negro. Únicamente separado del mar por una lengua de arena, es uno de los lugares más visitados de la ciudad.
Al norte de la ciudad encontrará la necrópolis, con objetos que datan de 5000aC. Aquí podrá observar tumbas y decoraciones de cerámica y cobre. Estos yacimientos son unos de los más importantes de Europa del Este.
Monasterio de Aladzha
A 40 metros de altura, escondido entre los árboles y esculpido en la misma piedra de un risco vertical, se sitúa este interesante monasterio. Gracias a unas escaleras podrá acceder a sus dos niveles, con habitaciones, zonas comunes y una capilla. En ella, aún se conservan unos coloridos frescos, que antiguamente cubrían casi todas las paredes de este lugar. Su esplendor llegó durante la ocupación otomana de los siglos XIII y XIV, cuando la construcción de nuevas iglesias estaba prohibida. Siguió habitado por monjes hasta el siglo XVIII, cuando cayó en desuso.
Nesebar
Esta preciosa ciudad se sitúa sobre una península conectada a la costa por un estrecho istmo. Tan turística como bonita, en sus calles empedradas alternan iglesias antiguas y casas de madera, con bares, restaurantes y tiendas de souvenirs.
Se calcula que antiguamente había más de 80 iglesias en el casco antiguo. Hoy en día quedan menos, aunque son muy bellas. En pleno centro se encuentran las ruinas de la Basílica (siglo VI), la más antigua de cuantas todavía quedan en pie. Una de las más preservadas es la del Pantocrator, del siglo XIV, con una característica planta bizantina. La de San Juan Bautista, del siglo X, luce uno de los murales mejor conservados del país.
Desde su fundación por los tracios hace más de 3500 años, la ciudad ha permanecido habitada sin interrupción. Pasear por sus calles impregnadas de historia es un auténtico placer. La brisa del mar, que azota desde siempre a esta población, ayuda a refrescarse en los días de verano, cuando aprieta el sol.
Recomendado en Obzor
Lo mejor en Obzor
Su casco antiguo ha permanecido habitado desde hace 3500 años. Convertido en un popular destino turístico, en sus calles empedradas se mezclan bellas iglesias y casas de madera con bares y restaurantes.
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