Vacaciones en Caniço de Baixo
Los picos volcánicos que coronan Madeira dan lugar a profundas gargantas que unen el interior y la costa. Las nubes, visitantes ocasionales, traen lluvias y humedad, y hacen posible la frondosa vegetación que surge de todos lados. Algunas zonas montañosas todavía conservan bosques de laurisilva, auténticas reliquias de la prehistoria. El terreno agreste, en ocasiones intransitable, ha obligado a construir bancales agrícolas que parecen puzzles de colores.
Las playas y los puertos naturales brillan por su ausencia; en Madeira dominan los vertiginosos acantilados que besan el mar. A pesar de todo, la costa atlántica rebosa de vida, haciéndola ideal para la pesca deportiva y el submarinismo. Las temperaturas, muy agradables todo el año, le permitirán disfrutar de esta idílica isla, con una naturaleza privilegiada.
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Esta carretera paralela al océano es la más espectacular de la isla. Pasa por paisajes tan abruptos como bellos. En ocasiones las cascadas caen directamente sobre el asfalto y los coches.
Playa de Caniço do Baixo
La playa delante del Hotel Riu Palace Madeira, a la cual se accede a través de una pasarela, es de piedras y en ocasiones puede tener mucho oleaje. Cuando el mar esté manso, podrá disfrutar de unas aguas frescas y limpias.
Porto Moniz
En esta ciudad del norte, muy de moda últimamente, hay unas bonitas piscinas naturales. Estos estanques de roca volcánica forman pequeñas entradas de mar bajo un acantilado. Las obras realizadas permiten acceder sin problema y disfrutar de aguas tranquilas mientras las olas del Atlántico rompen junto a usted.
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Submarinismo
La costa de Caniço do Baixo forma parte de La Reserva Natural Marina do Garajau. Esta zona es muy rica en vida marina y abundan las empresas que le ayudarán a descubrirla.
Hay inmersiones para todos los niveles, y las especies son muy variadas: pulpos, meros, delfines, barracudas, morenas, mantas y muchos tipos de coloridos peces.
Senderismo
Madeira ofrece muchas posibilidades para los amantes de las caminatas por la naturaleza. Muchos senderos transcurren por las "levadas": canales de irrigación que surcan las montañas para alimentar con agua los terrenos agrícolas más inaccesibles. Actualmente, estas vías constituyen uno de los reclamos turísticos más importantes de la isla. En total hay más de 200 levadas transitables. Éstas son algunas de las más destacadas:
El balcón de Ribeiro frio: Es de las más cortas y accesibles, y también una de las más bonitas. Esta combinación hace que sea muy popular, por lo que si quiere un poco de tranquilidad debe ir por la mañana. Los bosques aquí son de ensueño: los árboles y las rocas están cubiertas de musgo, y de las ramas cuelgan largos líquenes. Al final del sendero se llega a un mirador, donde se encontrará cara a cara con los altos picos verdes del macizo central y con el Pico Ruivo, el más alto de la isla.
Vereda da Ponta de São Lourenço: El paisaje de esta península es semiárido, en claro contraste con los frondosos bosques que dominan el resto de Madeira. El sendero le permitirá descubrir los acantilados más bellos de la isla, que se precipitan a un mar del que surgen grandes formaciones rocosas. La zona también alberga vegetación endémica y una gran variedad de aves como el jilguero, el canario o el cernícalo.
Vereda da Encumeada: Pasa por impresionantes vertientes volcánicas y por envolventes bosques de Laurisilva, que incluye especies como tilos, laureles, clethras, orquídeas y margaritas.
Levada do Caldeirão Verde: Pasando por montañas cubiertas de cedros y hayas llegará hasta el profundo valle de la Ribeira de São Jorge. Las vistas sobre el interior son espectaculares: paisajes floridos, cuidadas terrazas agrícolas y pintorescas poblaciones de piedra.
Pesca Deportiva
Por su privilegiada situación en medio del Atlántico, Madeira tiene una floreciente industria de pesca deportiva. A partir del sur de la isla se organizan excursiones en las que es frecuente volver con distintas especies de atún, además de marlínes, doradas, wahoos y peces sierra.
Golf
Santo da Serra Golf: Este campo está considerado como uno de los más espectaculares de Europa. Situado entre mar y montaña, las vistas son ciertamente espectaculares. Consta de dos recorridos y 27 hoyos, por lo que se adapta a varios niveles de juego.
Palheiro Golf: Cubierto de cedros, pinos y hayas en edad madura, este recorrido le ofrece unas vistas fabulosas sobre Funchal y su bahía. Sus greens tienen la reputación de ser rápidos, aunque el campo es apto para todos los niveles.
Compras
Bordados: En 1850, los ingleses abrieron la primera fábrica y la industria despegó, convirtiéndose en una de las más importantes de Madeira. Todavía quedan 10.000 bordadoras en la isla, muchas de ellas trabajando desde sus casas. En cualquier parte de la isla podrá encontrar manteles o ropa con delicados bordados a mano. La industria se ha visto afectada por la modernidad y los métodos de producción más eficaces. En muchos casos, la tradición no se perpetúa. Las autoridades locales intentan preservar este arte popular, con un claro enfoque en la calidad.
Cestería: A partir de cañas de mimbre, encontrará cestas, posaplatos, sillas, mesas y otros objetos decorativos. El principal centro de confección se sitúa en Camacha, pero los fardos de caña apilados junto a las casas o en los techos son frecuentes por toda la isla.
Gastronomía
Pescado: Madeira cuenta con una variedad de pez espada, sólo encontrada en esta isla y en los mares de Japón. Su exquisita carne blanca se suele servir con plátano, y puede estar asado, a la parrilla o frito.
También encontrará pulpo y deliciosos mariscos como las lapas y los caracoles de mar.
Carne: En cuanto a la carne, destacan las brochetas a la parrilla ensartadas en ramitas de laurel, que le dan un sabor aromático.
Otra especialidad es la "carne em vinha de alhos": cerdo adobado durante varios días en una mezcla de vino, ajo, laurel y especias. Luego se fríe.
Pan: No se vaya sin probar el bolo do caco (literalmente pastel del trozo): un tipo de pan a base de batata, cocido sobre una teja.
Vino de Madeira: Su particularidad reside en una lenta "cocción" a 50c°, durante tres a seis meses. Algunos se mezclan con coñac, para facilitar su conservación. Hay 4 variedades: el Secial, pálido e ideal para aperitivos; el Verdhelo, semiseco y perfecto para el queso y la fruta; el Bual, muy aromático y servido con los postres; y el Malvasía, afrutado y también para el postre.
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Carretera antigua de Sao Vicente a Porto Moniz
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Funchal
La capital administrativa también lo es en cuestión de turismo. Por esta razón, en esta ciudad coexisten bellas casonas típicas con construcciones recientes y sin encanto. De todos modos, el núcleo antiguo sigue manteniendo el encanto de siempre, con las casas y sus jardines, encaramadas sobre una colina frente al mar.
La zona monumental comprende varios edificios que reflejan el esplendor de su apogeo comercial, en los siglos XVI y XVII. Las fachadas blancas y sobrias están coronadas por bellos tejados anaranjados.
En contraste con la zona noble, el barrio de pescadores conocido como Zona Velha, destaca por su aspecto modesto, con viviendas humildes que se amontonan en calles paralelas al mar. Este pintoresco arrabal ha visto como en los últimos años abrían un gran número de restaurantes y tiendas de artesanía.
La ciudad también puede presumir de tener muchos y muy bonitos edificios religiosos, que combinan el fino estilo manuelino con el barroco. La Catedral y las iglesias de Carmo, Santa María, San Pedro y Colegio son las más destacadas. Estas dos últimas lucen bellos y coloridos azulejos portugueses.
No se pierda la lonja de pescado, muy animada y donde abundan los peces espada y los túnidos, parte importante de la gastronomía madeirense.
Si está en la ciudad en la temporada navideña, será testigo del espectacular juego de luces que engalana sus calles. Los arcos de luz del paseo marítimo son famosos en todo el país por su belleza; al igual que los espectaculares fuegos artificiales de la noche de fin de año.
Curral das Freiras
También conocido como el Valle de las Monjas, este pueblo de casitas blancas vive envuelto entre enormes montañas. El lugar es recóndito y la carretera que lleva hasta aquí, tallada en un acantilado vertical, es espectacular. Entre las grandes moles de basalto que la rodean, la localidad destaca por los huertos que se entremezclan con las viviendas. Las vistas desde el mirador antes de llegar son muy bellas.
Carretera antigua de Sao Vicente a Porto Moniz
Las carreteras en Madeira son muy buenas, y permiten descubrir en coche unos paisajes abrumadores. La que une Sao Vicente y Porto Moniz en sentido único, es sin duda la más espectacular de cuantas recorren la costa.
Le recomendamos empezar en el mirador de Boca da Encumeada, desde donde tendrá una de las mejores vistas de la isla. Una sinuosa carretera baja hasta Ribeira de Sao Vicente, donde empieza la carretera paralela al mar. Aquí el paisaje es el más amplio de la zona, pues el barranco es relativamente poco pronunciado.
Pasando por Ribeira do inferno, un barranco 20 veces más profundo que ancho, el paisaje cubierto de helechos describe una carretera serpenteante y llena de túneles. La zona es extremadamente húmeda, por lo que las cascadas y los saltos de agua caen de todas partes sobre el asfalto y los coches.
La carretera, siempre muy angosta, discurre constantemente azotada por las olas del Atlántico. Una de las estampas más bellas la procura el pequeño pueblo de Seixal, junto al mar y situado al fin de una profunda y estrecha garganta. Las casitas de esta modesta población contrastan con los mastodontes de basalto que la dominan.
Esta escénica ruta acaba en Porto Moniz, en el fondo de una sinuosa carretera que discurre entre bancales que esculpen el paisaje. Visto desde arriba, estos huertos escalonados forman un mosaico de diferentes tonos de verde.
Santana
Sus típicas casitas triangulares con techos de paja que llegan hasta el suelo hacen que sea uno de los pueblos más visitados de Madeira. Las más cuidadas lucen unas fachadas blancas con vivos adornos de colores. Además, muchas están rodeadas de bonitos jardines floridos que son un placer para la vista y el olfato.
La disposición irregular de las barracas refleja el trazado de los poblados originales de la isla. En un terreno difícilmente más agreste, los núcleos compactos y las plazas eran un lujo. Ahora las cosas han cambiado, aunque todavía quedan algunas poblaciones como Santana, testigos del pasado.
Cabo Girao
Este acantilado, que se precipita al mar desde 580m, es el más alto del archipiélago y el segundo más alto del mundo. El mirador, que se asoma al vacío, le regalará unas vistas panorámicas sobre la costa sur, incluidas las poblaciones de Funchal y Ribeira Brava. La afluencia de turistas es muy elevada, pero la belleza del paisaje lo merece.
Pico Ruivo
La cumbre más alta de Madeira, con 1862m, es también muy accesible. Tras dejar el coche en un aparcamiento cercano, un bonito camino en parte empedrado le llevará hasta la cima. Desde aquí dominará la isla y el Atlántico, disponiendo de unas perspectivas excepcionales. En ocasiones las nubes se entreponen entre el visitante y el paisaje, algo que puede ser molesto pero que forma parte del encanto de este lugar.
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