Los edificios blancos de
Mahdia se asoman al mar como lo han hecho desde siempre. A partir de su fundación en 916dC, este puerto siempre fue importante. Hoy son sus playas, las mejores del país según muchos, las que acumulan los mayores elogios. Pero los atractivos del mar son sólo una parte de su encanto. Al encanto genuino de una de las medinas más bonitas de Túnez hay que sumar los coliseos romanos y ciudades santas que surgen de las áridas tierras de los alrededores.
Playa Mahdia
Muchos hablan de esta bella playa como una de las mejores del país. Las brisas del Mediterráneo le refrescarán casi constantemente, ayudándole a combatir el calor en los meses estivales.
El Hotel Riu El Mansour, en primera línea de la Playa de Mahdia, le ofrecerá clases de buceo para descubrir los ricos fondos de la zona. También es posible divertirse en el mar con el windsurf, motos de agua o vela.
Medina de Mahdia
Las cúpulas, minaretes y encaladas casas que se asoman al Mediterráneo están unidas al resto del país por un pequeño istmo. Además de muy fotogénicas, las callejuelas residenciales de la medina son algunos de los lugares más agradables donde pasear en Túnez.
La puerta de acceso a la ciudad, antiguamente la única que existía, es la imponente fortificación Skifa el-Kahla. Ésta se abre a Ali Bei, la estrecha y adoquinada calle principal. Aunque sigue teniendo el ajetreo de otros tiempos, cuando era el zoco principal, los puestos de comida y especias han sido sustituidos por otros más enfocados al turista.
Uno de los paseos más bellos que se puedan realizar es por las angostas calles que rodean la ciudad. En ellas se encontrará entre el índigo del mar y las pintorescas viviendas que se suceden frente a frente con el Mediterráneo.
En la Place du Caire, podrá degustar un zumo o un té a la sombra de árboles y parras. En un extremo de la misma, se encuentra la Mezquita Mustafá Hamza, de origen turco y decorada con una bella entrada arqueada.
La Gran Mezquita, construida en 1965, es una réplica de la original, destruida en 1554 por las tropas españolas. Es un edificio simple pero elegante. Los no musulmanes podrán acceder al patio fuera de las horas de rezo.
En dirección al Cabo de África, en la punta de la península, pasará por el cementerio de los pescadores, con tumbas de un blanco reluciente; y por las antiguas fortificaciones y el puerto antiguo.
Anfiteatro romano El Jem
Esta enorme construcción empezará a sorprenderle antes de llegar, puesto que se divisa a varios kilómetros de Mahdia. Hay pocos monumentos tan impresionantes como este, de similares dimensiones al de Roma. Su estructura, en excelente estado de conservación, se alza con suficiencia sobre las pequeñas viviendas de la localidad, formando un contraste sorprendente.
El coliseo fue acabado en el 238dC y actualmente tiene una capacidad para 30.000 personas, superando la población total de la ciudad. En verano, se celebran conciertos y otras manifestaciones culturales. Cuando no está en uso, es posible ascender hasta las gradas superiores y observar el árido paisaje de los alrededores. También puede explorar sus dos pasadizos subterráneos por los que desfilaban gladiadores, leones y prisioneros enviados a una muerte segura sobre la arena.
Este monumento, uno de los más valiosos de la roma africana, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y en la actualidad las autoridades hacen grandes esfuerzos para conservarlo.
Kairouan
Kairouan, cercana a Mahdia, es la cuarta ciudad sagrada del Islam después de la Meca, Medina y Jerusalén, fue fundada por los conquistadores árabes en siglo VII. Para los musulmanes, ir siete veces a Kairouan equivale a una visita a la Meca.
Los no musulmanes no pueden acceder hasta el interior de la Gran Mezquita, aunque si alquila una larga bata blanca podrá acceder al patio, donde podrá contemplar el bosque de columnas de mármol que sustentan el templo. Los casi mil puntales proceden del coliseo de El Jem y las ruinas romanas de Susa y Cartago.
La ciudad respira religiosidad y puritanismo, pero algunas calles de su medina también están abiertas a la venta de alfombras, pipas de agua y souvenirs. Lo mejor es salir de las arterías comerciales y perderse, para descubrir la zona residencial. Aunque está un tanto venida a menos, aún conserva la elegancia de una ciudad importante.
Otro lugar de gran interés es el mausoleo de Abu Zama el Belaoui, un compañero del Profeta también llamado "el barbero" porque siempre guardaba consigo tres pelos de la barba de éste. Aunque los no musulmanes no pueden acceder a su tumba, le será un placer pasearse por los pasillos decorados con artesonados de cedro, paredes estucadas y coloridos azulejos, que desembocan en un precioso patio.
Bucear
Aparte de las numerosas actividades acuáticas que podrá practicar en las inmediaciones del hotel en Mahdia, también podrá bucear. Esta industria está en plena expansión en el país. Algunos han llegado a comparar las aguas tunecinas con las del Mar Rojo, aunque pueda ser algo exagerado. En el hotel podrá tomar clases y explorar los varios puntos de inmersión de la zona. Abundan los meros, pulpos y las morenas, y si tiene suerte también se cruzará con alguna tortuga marina.
Excursiones a caballo
En Mahdia hay varios centros de equitación en los que podrá contratar excursiones, tanto por las tierras del interior como a lo largo de la playa.
Compras
La medina de Mahdia, aunque mucho más sosegada que otras, también tiene zocos interesantes que se nutren de los productos típicos de los alrededores. Los tapices fabricados en Kairouan pueden llegar a ser de gran calidad, aunque los mejores pueden ser bastante caros. Como en todas las ciudades turísticas también podrá encontrar alfarería, cuero y joyas.
En Place du Caire, en el centro de la ciudad antigua, hay una pequeña pero interesante galería de arte con acuarelas locales y esculturas de madera.
Gastronomía
El mercado de Mahdia siempre anda bien provisto de pescado fresco y eso se nota en las mesas locales. No se pierda las doradas, salmonetes, caballas, sardinas y los pulpos, a la plancha con limón, en sopa o en el cuscús.
También podrá encontrar los platos típicos muy comunes en todo el país:
Cuscús: El cuscús tunecino consiste en una combinación de verduras y sémola, con merguez, pescado y carne de oveja o ternera.
Tajines: Los suculentos tajines, muy diferentes a los marroquíes, son un pastel de huevo con carne de cordero, verduras, patata, hojas de maluska y queso, cocido a fuego lento.
Condimentos: Los tajines, el cuscús y otras especialidades locales van acompañados de la harissa, una pasta de pimientos que puede ser muy picante, añadiendo un poco más de sabor si cabe a los platos.
Postres: La repostería destaca por sus dulcísimos pastelitos a base de productos de la tierra como los dátiles, almendras, pistachos, sésamo, etc. Muchos de ellos están rociados con miel y mucho azúcar.
Té a la menta: Como en todo el Magreb, está bebida aromática y con mucho azúcar, hace las delicias de lugareños y turistas.
Zumos: Prepárese a saborear unos zumos excelentes. Destacan el de naranja y sobre todo el de higo.